El deseo de ser guiado, amado, apoyado, impulsa al hombre a for-mar la concepción social o moral de Dios. Este es el Dios de la Pro-videncia, el que protege, dispone, recompensa y castiga; el Dios que, de acuerdo con los límites de la visión del creyente, ama y aprecia la vida; el confortador de las penas y anhelos insatisfechos; el que pre-serva el alma de los muertos. Esta es la concepción moral de Dios.
Albert Einstein